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Aprender de los errores
Escrito por Noelia   
Viernes, 06 de Septiembre de 2013 10:24

Los fallos forman parte del juego empresarial. Son un baño de humildad para el emprendedor que debe aprender a asumirlos y a analizarlos para no volver a caer en ellos.



En España aún se castiga y estigmatiza demasiado al que se equivoca, pero hay que dejar de lado esos prejuicios, hacer una lectura positiva de los errores y seguir adelante. Carmen de Pablos, directora de la Cátedra de Jóvenes Emprendedores de la Comunidad de Madrid, y Francisco José Blanco, presidente de la Asociación de Viveros de Empresa, explican en su libro Los cien errores del emprendimiento, que “el fracaso forma parte del proceso natural de aprendizaje, y es, en muchos casos, inevitable. Estudiar los errores es importante para tener un mejor conocimiento y análisis de las posibilidades, de las amenazas y de las oportunidades que se tienen que considerar en las siguientes tomas de decisiones”.

“El fracaso es la oportunidad de empezar de nuevo, con más inteligencia”, Henry Ford


Una de las mejores formas de mejorar es aprender de las equivocaciones de los que ya han creado empresas. Éstos son algunos de los fallos más habituales que cualquier futuro emprendedor debe tener en cuenta:

1. Seguir tendencias oportunistas. Una de las máximas empresariales dice que hay que aprovechar las oportunidades, y es cierto, pero con cautela y sin dejarse arrastrar por modas pasajeras que no tienen en cuenta la realidad del mercado. El madrileño barrio de Salamanca es un error que costó muy caro a su creador, el primer marqués de Salamanca (José María de Salamanca y Mayol). El aristócrata, atraído por las oportunidades inmobiliarias, decidió construir este barrio a las afueras de la ciudad con modernos edificios que contaban con los últimos avances de la época. Sin embargo, no logró venderlos en su totalidad y perdió grandes cantidades de dinero. Su fallo fue adelantarse a una sociedad que no estaba dispuesta a pagar por estos adelantos, y no hacer primero una prueba que le permitiera comprobar si había demanda real.

2. Pensar que el mercado es estático. Uno de los ejemplos más conocidos de no cambiar atendiendo a las necesidades de los clientes es el de Henry Ford. El creador de la marca automovilística lideró el mercado durante 14 años con el Ford Modelo T. Sin embargo, no asimiló las exigencias de los conductores y descuidó a la competencia. Creyó que podía seguir haciendo lo de siempre y no se dio cuenta de que su producto estaba evolucionando y firmas como Citroën y Chevrolet, que incorporaban mejoras en el motor, los accesorios y la estructura, comenzaron a hacerle sombra.

3. No proteger recursos esenciales de tu organización. Samira Briguëch, una emprendedora que ha creado la firma de márketing y relaciones públicas Samira & Sineb Consultores y una línea de moda y complementos, comenta que aunque la mayoría de la gente es buena, siempre te puedes encontrar con una oveja negra. En su caso fue una empleada que le robó información clave de los clientes para, posteriormente, ofrecerles servicios a un precio más económico. Aunque finalmente logró salvar la mayoría de la clientela explicando la situación, reconoce que de esta experiencia aprendió que la confianza, siendo muy importante, no es incompatible con realizar una política de seguridad sobre tus activos más estratégicos.

4. Una mala elección de los profesionales. El ejemplo de Rusticae, la firma creada por Carlota Mateos e Isabel Llorens, evidencia la importancia de planificar la selección del equipo de colaboradores. En sus comienzos, estas empresarias veían natural contratar sólo a personas conocidas, familiares y, además, todas mujeres. Diferentes circunstancias, como siete embarazos, la salida de la firma de dos amigas o un problema por una denuncia que resultó falsa, las llevaron a replantearse la selección de personal y, aunque el feeling continúa siendo un criterio de peso a la hora de contratar nuevo talento, también buscan la riqueza que aporta la diversidad de sexos y de habilidades.

5. Mantener estructuras organizativas que generan cuellos de botella. Para Javier Echaleku, fundador de Kuombo, una consultoría de comercio electrónico y márketing, uno de los errores más recurrentes de los que quieren crear su propio negocio es olvidarse de que emprender desemboca en convertirse en empresario. Normalmente se generan estructuras pequeñas en las que el creador de la firma asume todas las responsabilidades. Todo tiene que pasar por él. Lo que crea es un cuello de botella que ralentiza los procesos y puede llegar a poner en peligro algunas operaciones empresariales. El emprendedor debe asumir que hay áreas que debe delegar o externalizar. Tiene que verlas no como una pérdida de control o como un gasto, sino como una inversión.

6. Falta de comunicación interna. De Pablos y Blanco recuerdan en su libro que, aunque los primeros meses de vida de una empresa son una locura y todos trabajan sin cesar, no hay que perder la comunicación con el resto del equipo. Es fundamental que se establezca una rutina semanal o quincenal que permita al grupo conocer el estado de las tareas, si se están consiguiendo los objetivos y qué resultados reportan. Las sinergias que se pierden por falta de comunicación e interacción se traducen directamente a euros.
7. Llegar tarde al mercado sin conocerlo. Para entrar mal en un área de negocio que no dominas, mejor no hacerlo. Telefónica, observando las innovaciones en las redes 2.0, decidió lanzar su propia red social, Keteke, en 2008. Confió en su posición de fuerza en el mercado a través de Movistar y su red de ADSL, y realizó una inversión inicial de 10 millones de euros. El producto fue un fiasco. El error no era tecnológico, sino conceptual. Keteke no aportaba nada nuevo ni mejor de lo que ya había en el mercado y su usabilidad tampoco era buena. Tras fuertes campañas de publicidad que no funcionaron, decidieron cerrar y comprar algo ya establecido: Tuenti.

8. Falta de control de tesorería. Uno de los errores más comunes es obsesionarse por la búsqueda de inversores y no por la búsqueda de facturación y de clientes. El fallo viene por no tener controlada la tesorería que se necesita en el primer año y medio de vida. Hay que echar muy bien las cuentas y calcular qué y cuánto necesitas. También es fundamental cobrar los trabajos realizados, estableciendo plazos concretos para que te abonen tus honorarios. De esta manera, se puede mantener un flujo de caja que te permita hacer frente a tus pagos y generar ingresos. Ricardo Cortines abrió una promotora inmobiliaria en 2004 en Cantabria. Eran años de bonanza y él y sus otros socios vieron cómo su negocio prosperaba. Pero la situación cambió a partir de 2007, “comenzaron las dificultades y sólo nos centrábamos en apagar fuegos que no se extinguían”. Cortines afirma que su mayor error fue no darse cuenta de que la situación era insostenible: “No conseguimos darle un final digno a la compañía. Nos empeñamos en tratar de salvar algo que ya estaba muerto y lo único que conseguimos fue hundirnos todos”. Reconocer que has fallado, que te has equivocado en el planteamiento, en la forma o en la ejecución, es duro, pero hay que aceptarlo y tratar de salvar la situación lo mejor posible, sólo así llegan la segundas oportunidades. Para este empresario, que ha abierto otros negocios, “el primer paso es asumir la propia culpa, no achacarlo todo a las circunstancias y a los demás, y seguir creyendo en uno mismo”.

Por tanto, la clave podría resumirse en “Detrás de un fracaso hay un éxito”. Todo es cuestión de darle la vuelta, reaccionar con rapidez ante el problema, abordándolo con decisión y saber reciclar los puntos positivos que se pueden extraer de dicha situación.


Fuente: www.expansion.com

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